Me tuve que despojar de varias capas de piel para volver a sentarme frente a las letras, ese espacio en el que soy, desde lo mas profundo, y con el animo de poner en la palabra escrita lo que danza en mi mente.

 

Llevamos mas de dos siglos creyendo que somos lo que no somos y justificando anestesiados lo que es y no debe ser.

Los hombres nacen libres e iguales, premisa que constituye pilar fundamental del derecho natural y que, no siempre ha sido considerada como tal. A través de la historia la libertad e igualdad, derechos  inherentes al ser humano, han sido vulnerados por quienes en su momento han ostentado el poder. Estos derechos reconocidos y declarados por las constituciones del mundo, no nacen con la ley, nace con el individuo.

En el siglo XIX, la sociedad considero como normal el trabajo infantil casi esclavo, donde, particularmente mujeres y niños permanecieron anclados a las fabricas hasta 19 horas al día, siete días a la semana. El modelo socioeconómico naciente apelo a los requerimientos de la revolución industrial, requerimientos del sistema, para esclavizar una parte de la sociedad, restringiendo el derecho a la igualdad y libertad. Utilizo como premisa las ventajas que para la incipiente sociedad burguesa traería el nuevo sistema, bajo ese supuesto, una parte de la sociedad tolero la vulneración de derechos. Se utilizo a los mas pobres como seres de tercera, sin derechos, sin voz ni poder de decisión. Desde entonces y hasta la fecha, el modelo instaurado muda sus capas como una serpiente, pero, su esencia continua. No hemos evolucionado como sociedad, el modelo de explotación de unos pocos sobre la inmensa mayoría se ha perpetuado  a través de la historia, ha permanecido oculto bajo revestimientos de teoría, fuerza y represión. El culmen llega cuando la inmensa mayoría de la población considera como norma y normal, como el deber ser que, a través de su trabajo casi esclavo,  se mantenga, otorgue poder y privilegio a los privilegiados. Somos siete mil setecientos millones de personas (7.700.000.000) en el planeta, ultimo informe de las Naciones Unidas «Perspectivas de la Población Mundial 2019» [population.un.org]. De esos miles de millones de seres humanos, solo DOS MIL CIENTO CINCUENTA Y TRES (2153) personas, poseen la riqueza que correspondería al 60% de la población mundial (Oxfam, Foro Económico Mundial, Davos, Suiza). Ese reducido, muy reducido numero de los mas ricos ha mantenido bajo su dominio hoy como ayer, desde el feudo hasta el siglo XXI a la inmensa mayoría de la población mundial que, en realidad es la inmensa minoría, vulnerable y sin privilegios.

Con el origen de los estados y el nacimiento de las constituciones se intento hacer efectivo el derecho natural, los seres humanos nacen libres e iguales, derechos que como lo mencione son inherentes al ser humano, por lo tanto no pueden ser sujetos a discriminación alguna, tanto ayer como hoy, sin embargo; estos derechos empezaron a ser «reconocidos», y los individuos blanco del reconocimiento agradecieron al gobernante o al estado, se dio la idea que era el estado o el gobernante quien otorgaba el derecho, de ese supuesto «reconocimiento» fueron excluidos indigenas, negros, mujeres, pobres, ateos y, en general todo aquel considerado como diferente por el poder. Otros derechos fueron reconocidos dentro de las nacientes sociedades, se llego a establecer el carácter universal de derechos fundamentales. Sin embargo, así como los trabajadores en el siglo XIX, los individuos imperceptiblemente hemos entregado al porcentaje mas rico del planeta nuestros derechos, hemos convertido, hemos permitido que los derechos se conviertan en mercancías. Llegamos a convencernos que los derechos han dejado de ser inherentes al ser humano y muy por el contrario compramos y vendemos derechos; tal es el caso del derecho a la salud, a la educación, al disfrute libre de los recursos naturales como el agua.

El estado, cualquiera que sea la idea que se tenga de el, es y debe ser garante de los derechos humanos; sin embargo con el surgimiento de las premisas neoliberales, introducidas de forma suave, imperceptible y manipulada a la sociedad, el estado diluyo su responsabilidad como garante de derechos y, estos convertidos en mercancía fueron entregados a particulares para ser utilizados siguiendo las leyes del mercado. Esto con el tiempo se ha convertido en una olla a presión a punto de estallar en el planeta.

La inmensa mayoría de los individuos pagan cada vez mas por sus derechos, solventan a esa privilegiada y poderosa minoría que posee casi la totalidad de la riqueza mundial, los ingresos de la población son cada vez menores , aun así, se insta a pagar mas impuestos para mantener a quienes se han convertido en los mercaderes de los derechos, esta lamentable situación es una constante. Se manipula a través de diferentes medios a la sociedad para que crea que son ellos quienes deben mantener el PIB de los países, exonerando a los mas ricos y sus empresas del pago de impuestos, se vende la premisa que entre menos paguen las empresas mas empleo generan.

Hoy con cinismo se preguntan: Por que el descontento social en diversas latitudes? Es una pregunta necia cuya respuesta resulta demasiado obvia pero, la manipulación mediatica y las diversas estrategias del poder pretenden encubrir la realidad bajo insulsas teorías, en las cuales las sociedades del mundo continuaran justificando lo injustificable, la entrega de sus derechos a quienes ostentan el poder. La situación ha llegado al extremo que son hoy las poderosas corporaciones quienes deciden el valor de los derechos (salud, educación, agua, aire, vida), son estas poderosas entidades quienes buscan tener asiento en los organismos internacionales tales como las UN(Consejo de Derechos Humanos, Presidencia del OEIGWG, 2017), estamos ad portas que sean pues las poderosas corporaciones quienes manejen el destino del planeta.

Se me ocurre que solo un alto en el camino, un consenso social hacia una reorientación  del modelo vigente puede evitar que esa olla a presión estalle.

En una próxima entrega hablare de cifras y posibles soluciones.

Gracias por leerme.